¿Qué causa la gota?

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¿Qué es la gota?

La gota es un tipo de artritis inflamatoria causada por la acumulación de cristales de ácido úrico en las articulaciones. A medida que el nivel de ácido úrico en la sangre aumenta, puede dar lugar a la formación conocida como cristalización de ácido úrico. Esta afección suele desarrollarse de forma repentina y provoca dolor intenso, hinchazón y enrojecimiento en la zona afectada. Aunque la gota puede presentarse en articulaciones como las muñecas y los codos, lo más común es que afecte al dedo gordo del pie.

Los ataques de gota, que pueden comenzar de manera inesperada, pueden repetirse con el tiempo si no se tratan. Aunque es una enfermedad crónica, los métodos de tratamiento eficaces pueden reducir significativamente los síntomas. De este modo, también es posible prevenir futuros ataques potenciales.

¿Qué causa la gota?

La gota ocurre cuando el nivel de ácido úrico en la sangre supera lo normal (hiperuricemia). El ácido úrico es un producto de desecho natural que se forma cuando el cuerpo descompone unas sustancias llamadas purinas. Estas purinas, que se descomponen en ácido úrico, se producen de forma natural en el organismo y también se encuentran en ciertos alimentos.

Normalmente, el ácido úrico se disuelve en la sangre y se elimina a través de los riñones. Sin embargo, cuando el cuerpo produce demasiado ácido úrico o los riñones no pueden eliminarlo de manera eficiente, pueden formarse cristales en las articulaciones. Pero, ¿cómo sucede exactamente esto? En otras palabras, ¿qué provoca la gota?

El riesgo de desarrollar gota puede deberse a varios factores, incluyendo los hábitos alimenticios y de consumo, así como el estilo de vida. Algunos factores que aumentan el riesgo de esta enfermedad son:

  • Una dieta rica en carne roja y mariscos

  • Consumo frecuente de bebidas alcohólicas como la cerveza

  • Sobrepeso y obesidad

  • Hipertensión arterial

  • Enfermedades renales

  • Uso de ciertos medicamentos como los diuréticos

¿La gota es hereditaria?

La genética puede influir en el riesgo de desarrollar gota. Tener un familiar cercano con gota aumenta la probabilidad de padecer la enfermedad. Esto se debe a diferencias hereditarias en la forma en que el cuerpo procesa el ácido úrico y en la eficacia con la que los riñones lo eliminan. Sin embargo, la predisposición genética no significa necesariamente que una persona vaya a desarrollar gota.

Incluso si alguien tiene antecedentes familiares de gota, el estilo de vida, la dieta y otros factores de salud son determinantes en la aparición de la enfermedad. Mantener una alimentación saludable, controlar el peso y realizar chequeos médicos regulares pueden reducir el riesgo incluso en quienes tienen antecedentes familiares.

¿Cuáles son los síntomas de la gota?

Los síntomas de la gota pueden variar según la gravedad de la enfermedad, pero normalmente hay algunos signos característicos. El síntoma más distintivo es un dolor articular repentino e intenso, que a menudo comienza por la noche o en las primeras horas de la mañana. En la mayoría de los casos, este dolor se acompaña de hinchazón, enrojecimiento y calor.

Los síntomas más comunes de la gota incluyen:

  • Dolor articular intenso: suele comenzar en el dedo gordo del pie, pero también puede afectar al tobillo, rodilla, muñeca, dedos y codos.

  • Molestia persistente: tras un ataque intenso, el dolor puede disminuir pero continuar en un nivel más leve durante días o semanas.

  • Inflamación y enrojecimiento: la articulación afectada se hincha, se vuelve sensible y está caliente al tacto.

  • Movimiento limitado: a medida que avanza el ataque, mover la articulación afectada con normalidad puede resultar difícil.

¿Cómo se diagnostica la gota?

Para diagnosticar la gota, el médico primero toma la historia clínica del paciente y examina sus síntomas. Después, se realiza un examen físico de la articulación afectada. El método más fiable para un diagnóstico definitivo es extraer líquido de la articulación y analizarlo.

En este procedimiento, se toma líquido de la articulación inflamada y se examina bajo un microscopio para buscar cristales de ácido úrico. Los análisis de sangre pueden medir los niveles de ácido úrico, pero un nivel alto por sí solo no es suficiente para diagnosticar la gota. Métodos de imagen como radiografías, ecografías o tomografía computarizada de doble energía pueden ser muy útiles para detectar depósitos de cristales y descartar otros problemas articulares.

¿Cómo se trata la gota?

El objetivo del tratamiento de la gota es aliviar los síntomas durante un ataque y prevenir ataques futuros. El tratamiento suele incluir medicamentos, cambios en el estilo de vida y controles regulares.

Los principales métodos de tratamiento para la gota incluyen:

  • Medicamentos para controlar el dolor y la inflamación: durante los ataques agudos, se pueden recetar antiinflamatorios no esteroideos (AINE), corticosteroides o colchicina.

  • Terapias para reducir el ácido úrico: medicamentos como el alopurinol o el febuxostat ayudan a controlar los niveles de ácido úrico a largo plazo.

  • Cambios en el estilo de vida: reducir los alimentos ricos en purinas, limitar el alcohol, mantener un peso saludable y beber suficiente agua puede disminuir la frecuencia de los ataques.

  • Seguimiento regular: análisis de sangre y revisiones médicas ayudan a mantener el ácido úrico en niveles saludables.

¿Qué deben tener en cuenta los pacientes con gota?

Durante el tratamiento, ciertos cambios en la dieta y el estilo de vida pueden mejorar el éxito del tratamiento. Su médico también le orientará en este sentido. A continuación, algunos puntos a considerar:

Tomar la medicación correctamente y de forma regular

Los medicamentos son las herramientas más eficaces para manejar la gota. Es importante tomarlos tal como los prescribe el médico. Suspender su uso puede provocar un aumento del ácido úrico y aumentar el riesgo de ataques. No deje de tomar los medicamentos para reducir el ácido úrico durante un ataque; este se trata con otros fármacos específicos, mientras que la medicación a largo plazo suele recomendarse continuarla.

Si utiliza diuréticos tiazídicos o de asa (ciertos “diuréticos” que pueden desencadenar gota), su médico puede considerar alternativas como el losartán o los bloqueadores de los canales de calcio. Cualquier decisión de cambiar o suspender un medicamento debe tomarse siempre con el médico.

Dieta: qué limitar y qué priorizar

La dieta por sí sola no es suficiente para reducir significativamente el ácido úrico en la mayoría de las personas, pero puede ayudar a disminuir los desencadenantes y a controlar el peso. El objetivo principal es limitar las purinas animales y la fructosa, adoptando al mismo tiempo una alimentación equilibrada y saludable.

  • Limitar/evitar: vísceras, carne roja, ciertos mariscos (por ejemplo, anchoas, sardinas, mejillones), alcohol (especialmente cerveza y licores) y bebidas con alto contenido de fructosa (refrescos/siropes). Un consumo excesivo de purinas o fructosa a corto plazo puede aumentar el riesgo de ataque.
  • Priorizar: verduras, cereales integrales, legumbres, frutas (en cantidades controladas), productos lácteos bajos en grasa y patrones de alimentación saludables para el corazón (estilo DASH o mediterráneo).

Agua, peso y ejercicio

  • Una ingesta adecuada de líquidos favorece la eliminación del ácido úrico por los riñones y reduce el riesgo de cálculos.
  • La pérdida de peso gradual y sostenible puede disminuir los niveles de ácido úrico y la frecuencia de los ataques.
  • El ejercicio moderado que no someta a un esfuerzo excesivo las articulaciones puede ser beneficioso.

Enfermedades coexistentes y medicamentos

La gota suele coexistir con afecciones como hipertensión, diabetes, sobrepeso, enfermedad renal crónica y colesterol alto. Todas estas pueden influir en el riesgo de ataques y en los niveles de ácido úrico. Es importante realizar controles médicos regulares para evaluar posibles interacciones medicamentosas y considerar alternativas cuando sea necesario.