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¿Qué es el delirio?
El delirio puede describirse como un deterioro grave y una confusión de las capacidades mentales de una persona que aparece de forma repentina. Este deterioro y trastorno de las funciones cerebrales puede incluir diversos cambios, que van desde problemas de concentración, déficit de atención, problemas de memoria, ver objetos fijos cambiar de lugar y forma, hasta situaciones en las que la persona ni siquiera puede reconocer a sus familiares.
El delirio, que puede aparecer de forma repentina, se conoce generalmente como una afección temporal. Cuando se resuelve el problema que causa el delirio, los síntomas también comienzan a desaparecer. La tasa de incidencia es mayor en las personas mayores, especialmente en las personas mayores de 65 años hospitalizadas, en comparación con las personas más jóvenes. Sin embargo, esto no significa que el delirio no se produzca en personas jóvenes.
Aunque el delirio no es un problema poco frecuente, la concienciación pública al respecto no es lo suficientemente alta. Las personas pueden aumentar su concienciación sobre esta afección y reconocer los síntomas de forma temprana. Al igual que con cualquier problema de salud, reconocer los síntomas de forma temprana y buscar ayuda de los profesionales sanitarios es fundamental para una intervención oportuna.
¿Qué tipos de delirio existen?
La respuesta a la pregunta de qué tipos de delirio existen, que pueden incluir síntomas tan diversos como ira inapropiada, desorientación, inquietud, apatía y ver objetos imaginarios, puede ayudarte a comprender las razones que hay detrás de estas diferencias.
Existen tres tipos diferentes de delirio. Estos tipos se distinguen en función de la actividad y el nivel de alerta de la persona. Comprender estos subtipos de delirio ayuda a identificar la afección y a tomar las medidas adecuadas para una intervención temprana.
- Delirio hiperactivo: Las personas afectadas por este tipo de delirio se vuelven inquietas. Pueden presentar cambios rápidos de humor y alucinaciones. Pueden intentar quitarse las vías intravenosas de las manos o los brazos o salir de la cama del hospital. Dado que las personas en este estado pueden volverse agresivas, es importante tener mucho cuidado para garantizar tu seguridad y la de quienes te rodean.
- Delirio hipoactivo: debido a que los síntomas son más moderados, puede ser más difícil reconocer a las personas afectadas por este tipo. La persona puede parecer somnolienta, letárgica, inusualmente callada y retraída. Dado que no son disruptivos, este tipo de delirio puede pasar desapercibido, especialmente en un entorno hospitalario.
- Delirio mixto: en este tipo, la persona alterna entre síntomas hiperactivos e hipoactivos. La transición de uno a otro puede ser muy rápida. Pueden estar excitados en un momento y letárgicos al siguiente. Si no se vigilan de cerca, estas transiciones pueden dificultar la confirmación del diagnóstico.
¿Cuál es la diferencia entre el delirio y la demencia?
El delirio y la demencia son trastornos que afectan a la función mental, pero difieren significativamente en cuanto a su aparición, duración y tratamiento. El delirio suele comenzar de forma repentina, en cuestión de horas o días, y suele desaparecer cuando se trata la causa subyacente. Por el contrario, la demencia es una pérdida gradual y progresiva de las capacidades cognitivas que suele desarrollarse a lo largo de meses o años, y en general no se recuperan las capacidades cognitivas perdidas.
Otra diferencia importante radica en la atención y la conciencia. En el delirio, la atención de la persona se ve gravemente afectada y puede experimentar pérdida de conciencia. En la demencia, la atención se conserva relativamente hasta las últimas etapas. El delirio también tiende a fluctuar a lo largo del día, mientras que los síntomas de la demencia son más constantes.
¿Cuáles son las causas del delirio?
El delirio es, en pocas palabras, una disfunción o confusión en los procesos cognitivos relacionados con el cerebro.
La suspensión de estos procesos en el cerebro, que es el centro de mando de los procesos cognitivos, puede estar causada por diversos factores. El delirio, que afecta principalmente a personas mayores de 65 años y a aquellas con enfermedades subyacentes, también puede aparecer en grupos de edad más jóvenes.
A continuación se enumeran los factores más comunes que pueden desencadenar el delirio:
- Edad avanzada
- Infecciones del tracto urinario, neumonía o sepsis (especialmente en pacientes de edad avanzada)
- Sedantes, pastillas para dormir, analgésicos o ciertos medicamentos con efectos anticolinérgicos
- Desequilibrios metabólicos como deshidratación, bajo nivel de sodio o bajo nivel de azúcar en sangre
- Abstinencia de sustancias como el alcohol o las drogas en personas con adicciones
- Estar en un entorno desconocido, someterse a una cirugía o recibir anestesia
- Afecciones subyacentes relacionadas con el cerebro, como demencia, accidente cerebrovascular o traumatismo craneoencefálico
- Privación severa del sueño
- Traumatismo craneoencefálico
- Disminución de los niveles de oxígeno
- Intoxicación
¿Cuáles son los síntomas del delirio?
Los síntomas del delirio pueden variar mucho según el tipo de delirio y la persona, pero suelen manifestarse como cambios repentinos en el estado mental, la atención y la percepción. Una vez más, dependiendo del tipo de delirio, los síntomas pueden cambiar a lo largo del día, a veces desapareciendo y reapareciendo en pocas horas.
Algunos síntomas importantes son:
- Confusión o desorientación repentinas
- Dificultad para concentrarte o cambiar la atención
- Pensamiento desorganizado o habla incoherente
- Alucinaciones o delirios
- Inquietud, agitación o letargo
- Ira repentina, agresividad
- Trastornos del sueño o inversión de los ciclos de sueño-vigilia
- Cambios emocionales como miedo, ansiedad o depresión
Dado que el delirio suele ser señal de una afección subyacente grave que requiere intervención urgente, es muy importante reconocer estos síntomas de forma precoz.
¿Cómo se diagnostica el delirio?
No existe una prueba única ni un sistema de imagen que permita diagnosticar el delirio por sí solo. El proceso de diagnóstico comienza con una evaluación cuidadosa del estado mental y el historial médico del paciente. Es importante investigar los factores que pueden contribuir al delirio.
Dado que los síntomas de la afección pueden parecerse a los de otros trastornos psiquiátricos o neurológicos, los profesionales sanitarios suelen basarse en evaluaciones estructuradas y observaciones clínicas.
Dado que no existe una prueba única que confirme el delirio, el diagnóstico es principalmente clínico.
Los médicos suelen utilizar una combinación de los siguientes métodos durante el proceso de diagnóstico:
- Exámenes del estado mental para evaluar la atención, la memoria y el estado de conciencia
- Revisión del uso de medicamentos y de los acontecimientos médicos recientes
- Exámenes físicos y neurológicos
- Análisis de sangre, pruebas de imagen u otras pruebas para identificar las causas subyacentes
- Uso de herramientas de diagnóstico como el Método de Evaluación de la Confusión (CAM), que ayuda a definir el delirio utilizando criterios estructurados.
Las pruebas médicas son muy importantes para distinguir el delirio de otras afecciones, como la demencia o la depresión. Aunque el delirio comparte algunas similitudes con estas afecciones, es bastante diferente y requiere un enfoque terapéutico específico.
¿Cómo se trata el delirio?
El tratamiento del delirio se centra en identificar y abordar la causa subyacente. Una vez que se tratan los problemas subyacentes que pueden desencadenar el delirio, como infecciones, reacciones a medicamentos, insomnio grave o deshidratación, el delirio suele mejorar significativamente. La intervención temprana es muy importante para prevenir complicaciones y consecuencias a largo plazo.
Las estrategias de tratamiento incluyen:
- Tratamiento médico: corregir infecciones, restablecer el equilibrio electrolítico o ajustar la medicación según sea necesario.
- Cuidados de apoyo: garantizar una ingesta adecuada de líquidos, una nutrición adecuada y un entorno tranquilo puede ayudar a reducir la confusión.
- Vigilancia y seguridad: Observar a la persona para limitar los estímulos innecesarios y prevenir caídas o autolesiones.
- Intervenciones no farmacológicas: Pueden ser útiles las técnicas de reorientación, como relojes, calendarios, objetos familiares y visitas de familiares.
- Medicación (si es necesaria): En algunos casos, se pueden utilizar medicamentos antipsicóticos en dosis bajas para controlar la agitación grave, pero solo bajo estrecha supervisión médica.
¿Se puede prevenir el delirio?
Aunque se pueden tomar medidas para reducir el riesgo de delirio, no es posible prevenir completamente todos los tipos de esta afección. Esto es especialmente cierto en pacientes gravemente enfermos o de edad avanzada. Sin embargo, muchos casos se pueden prevenir con cuidados proactivos y medidas adicionales. La prevención se centra en minimizar los factores de riesgo conocidos y mantener la estabilidad de la salud y el entorno de la persona.
Las medidas que pueden ayudar a reducir el riesgo de delirio incluyen:
- Asegurar una ingesta adecuada de líquidos y una dieta rica en líquidos.
- Evitar la medicación innecesaria, especialmente los fármacos que afectan al cerebro.
- Realizar ejercicio y movimiento con regularidad.
- Utilizar gafas o audífonos para reducir la confusión sensorial, si es necesario.
- Crear un entorno familiar y tranquilizador, especialmente para los pacientes hospitalizados.
- Fomentar una buena higiene del sueño y minimizar las perturbaciones nocturnas.
Estas medidas sencillas pero eficaces pueden reducir significativamente la incidencia y la gravedad del delirio, especialmente en los grupos de alto riesgo.

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