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¿Qué es una fístula? ¿Qué es una fístula anal?
Una fístula es una conexión anómala entre dos órganos o estructuras del cuerpo que normalmente no están conectados. Las fístulas suelen formarse alrededor del ano, pero pueden aparecer en cualquier parte del cuerpo. Estas conexiones en forma de túnel pueden aparecer, por ejemplo, entre la piel y los intestinos o entre la vejiga y la vagina.
Una fístula es una conexión anómala o túnel entre dos órganos, vasos sanguíneos o estructuras del cuerpo que normalmente no están conectados. Estos conductos suelen formarse como consecuencia de una lesión, una infección, una inflamación o una intervención quirúrgica. Las fístulas pueden aparecer en diversas partes del cuerpo y, si no se tratan, pueden provocar fugas de líquido, infecciones crónicas u otras complicaciones. Cuando las fístulas aparecen en el ano o alrededor de él, se denominan fístulas anales.
Una fístula anal es un tipo especial de fístula que se desarrolla entre el interior del canal anal y la piel que rodea el ano. Las fístulas pueden aparecer debido a una infección, un traumatismo, diversas enfermedades intestinales, procedimientos quirúrgicos o abscesos. Las fístulas anales suelen comenzar con una infección en una de las glándulas anales y forman un absceso. Cuando el absceso se drena o se abre quirúrgicamente, puede quedar un túnel que puede dar lugar a una fístula. Las fístulas anales pueden causar dolor o secreción persistente. La curación completa de estas fístulas suele requerir tratamiento quirúrgico.
¿Cuáles son los tipos de fístulas?
Las fístulas son conexiones anormales entre dos partes del cuerpo que normalmente no están conectadas. Cuando se producen, pueden interferir en las funciones normales del cuerpo de diversas maneras, dependiendo de su ubicación. Aunque algunas fístulas se crean intencionadamente con fines médicos, la mayoría surgen como complicaciones de una infección, un traumatismo o una cirugía y requieren tratamiento.
Los tipos más comunes de fístulas diagnosticados y tratados por los profesionales sanitarios son los siguientes:
- Fístula anal: se produce como un conducto anormal desde el interior del canal anal hasta la piel que rodea el ano. Este tipo de fístula suele desarrollarse cuando una infección en las glándulas anales provoca un absceso perianal. Afecciones como la enfermedad de Crohn y otras enfermedades inflamatorias pueden aumentar el riesgo. Los síntomas suelen ser dolor, hinchazón y secreción persistente alrededor del ano.
- Fístula arteriovenosa (AV): este tipo de fístula se produce cuando existe una conexión directa entre una arteria y una vena. Algunas fístulas AV se crean intencionadamente en personas con insuficiencia renal para facilitar el acceso a la diálisis, mientras que otras pueden ser consecuencia de lesiones o afecciones congénitas. Las fístulas AV no deseadas pueden alterar el flujo sanguíneo normal y requieren intervención.
- Fístula aortoenterica: esta fístula poco frecuente se forma como un conducto anormal entre la aorta y el intestino delgado. Puede ser consecuencia de un aneurisma aórtico, una infección (como tuberculosis o sífilis) o una cirugía aórtica previa. Estas fístulas pueden causar hemorragias gastrointestinales graves y pueden poner en peligro la vida. Requieren intervención quirúrgica urgente.
- Fístula perilinfática: se produce cuando se rompe la membrana que separa el oído medio del oído interno. Como resultado, el líquido del oído interno se filtra al oído medio, lo que afecta al equilibrio y la audición de la persona. Estas fístulas pueden aparecer después de un traumatismo craneal, un barotrauma (lesiones relacionadas con la presión) o complicaciones quirúrgicas. El tratamiento varía en función de la gravedad de la afección, y puede ir desde el reposo en cama hasta la intervención quirúrgica.
- Fístula traqueoesofágica (TEF): Una TEF es una conexión congénita o adquirida entre la tráquea (tubo respiratorio) y el esófago. La TEF congénita suele diagnosticarse poco después del nacimiento, mientras que las formas adquiridas pueden ser consecuencia de un cáncer, una cirugía o una infección. La TEF puede causar graves problemas de alimentación y respiración y requiere una reparación quirúrgica urgente.
- Fístula vaginal: Una fístula vaginal es una conexión anómala entre la vagina y un órgano cercano, como la vejiga (fístula vesicovaginal), el recto (fístula rectovaginal) o el intestino. Uno de los subtipos más conocidos es la fístula obstétrica. Se trata de una de las fístulas más comunes en las mujeres. Estas fístulas pueden causar molestias físicas y emocionales al permitir que la orina o las heces se filtren en el canal vaginal.
- Fístula enterocutánea: este tipo de fístula suele ser consecuencia de una cirugía abdominal, un traumatismo o afecciones como la enfermedad de Crohn, y forma una conexión entre los intestinos y la piel. El contenido intestinal puede filtrarse a través de la piel, lo que aumenta el riesgo de infección y desnutrición.
- Fístula mucosa: en algunas situaciones quirúrgicas, especialmente después de una colostomía o una ileostomía, los cirujanos pueden crear intencionadamente una fístula mucosa para redirigir el intestino. Esta fístula puede ser temporal o permanente. Tiene una función médica, especialmente para ayudar a gestionar los desechos en determinadas partes del intestino o reducir la presión.
Los tipos de fístulas mencionados anteriormente no abarcan todos los tipos de fístulas, sino que solo enumeran los más comunes. Cada fístula, que difiere según su ubicación, requiere un enfoque terapéutico diferente. Algunas fístulas son pequeñas y pueden resolverse por sí solas. Sin embargo, la mayoría requiere intervenciones quirúrgicas u otras intervenciones médicas para restablecer las funciones corporales y prevenir complicaciones. Por lo tanto, el diagnóstico preciso del tipo de fístula es fundamental para una intervención médica rápida y adecuada.
¿Qué causa las fístulas?
Aunque algunas fístulas son congénitas, en su mayoría son causadas por diversos acontecimientos que provocan inflamación, infección o daño tisular. Por ejemplo, las fístulas entre la vagina y la vejiga en las mujeres pueden desarrollarse como resultado de lesiones causadas por una histerectomía. Enfermedades como la enfermedad de Crohn también pueden causar fístulas. Además, los abscesos llenos de diversos fluidos humanos que no se curan durante mucho tiempo pueden extenderse a otro tejido y formar una fístula. La ubicación de la fístula en el cuerpo y su evolución determinan su gravedad.
Las causas más comunes de la formación de fístulas son las siguientes:
- Infecciones: Las infecciones prolongadas, especialmente los abscesos, pueden dañar los tejidos y provocar la formación de fístulas. Esta afección se observa con frecuencia en las fístulas anales y perianales.
- Cirugía o traumatismos: Las intervenciones quirúrgicas en el abdomen o la zona pélvica pueden provocar inadvertidamente la formación de fístulas. Los accidentes o lesiones que causan daños en los tejidos también pueden contribuir a ello.
- Enfermedades inflamatorias crónicas: Afecciones como la enfermedad de Crohn, la colitis ulcerosa o la diverticulitis pueden causar inflamación a largo plazo y aumentar el riesgo de desarrollar fístulas internas o externas. Ciertas enfermedades de transmisión sexual y afecciones como la tuberculosis también pueden causar fístulas.
- Cáncer y radioterapia: Los tumores pueden dañar los tejidos circundantes y crear conexiones anormales, mientras que la radiación puede debilitar los tejidos y hacerlos más susceptibles a la formación de fístulas.
- Complicaciones obstétricas: Los partos prolongados o difíciles, especialmente en zonas con recursos médicos limitados, pueden dar lugar a fístulas obstétricas, como las fístulas vesicovaginales o rectovaginales.
Mientras que algunas fístulas se desarrollan rápidamente, otras pueden tardar más tiempo en aparecer y suelen comenzar como pequeños abscesos que pueden convertirse en conductos crónicos.
¿Cuáles son los síntomas de una fístula?
Los síntomas de una fístula pueden variar en función del tipo de fístula, su ubicación en el cuerpo y su tamaño. Las fístulas, por su naturaleza, implican una conexión anómala entre dos zonas del cuerpo. Los síntomas que pueden observarse en una persona, como molestias o disfunciones, pueden variar en función del tipo de conexión. Los síntomas que comienzan de forma leve pueden intensificarse con el tiempo, dependiendo del tipo de conexión, y pueden continuar con síntomas como dolor, secreción, mal olor, fiebre e hinchazón.
A continuación se enumeran los tipos más comunes de fístulas y sus síntomas asociados:
- Fístula anal: Este tipo de fístulas suelen aparecer alrededor del ano y causan dolor, especialmente durante las deposiciones. Otros síntomas comunes son secreción constante de pus o sangre por la zona anal, irritación de la piel y abscesos recurrentes. También se puede observar una abertura visible o hinchazón cerca del ano.
- Fístula del tracto urinario (por ejemplo, vesicovaginal, ureterovaginal): Estas fístulas suelen causar pérdida continua o incontrolable de orina por la vagina u otras vías no deseadas. La persona puede experimentar incontinencia urinaria, infecciones frecuentes del tracto urinario o molestias al orinar o durante las relaciones sexuales.
- Fístula enterocutánea (intestino a piel): Los síntomas de este tipo de fístula suelen ser la pérdida de contenido intestinal (líquido o heces) a través de la piel. También pueden producirse infecciones, malabsorción, deshidratación y desequilibrio electrolítico.
- Fístula arteriovenosa: Cuando una arteria está conectada de forma anómala a una vena, los síntomas pueden incluir hinchazón, enrojecimiento o una masa pulsátil. En algunas personas, los síntomas también pueden incluir fatiga, complicaciones cardíacas o disminución del flujo sanguíneo a las extremidades.
- Fístula rectovaginal: Estas fístulas suelen aparecer después de lesiones durante el parto o como complicaciones de una enfermedad inflamatoria intestinal. Las fístulas rectovaginales pueden provocar que los gases o las heces pasen a través de la vagina, lo que provoca infección e irritación.
- Fístula vesicovaginal: este tipo de fístula se caracteriza por una pérdida constante de orina en el canal vaginal, lo que provoca olor, irritación y malestar social. Estos síntomas suelen ser persistentes y no están relacionados con los patrones normales de micción.
Cada tipo de fístula presenta síntomas y complicaciones únicos dependiendo de su ubicación en el cuerpo. Por lo tanto, es fundamental un diagnóstico adecuado y un tratamiento eficaz. Si una persona experimenta secreciones inexplicables, infecciones recurrentes o problemas funcionales relacionados con la micción o el funcionamiento de algún órgano, se debe considerar la posibilidad de que exista una fístula. En tales casos, es esencial consultar a un profesional de la salud.
¿Qué es una fístula del tracto urinario?
En una fístula del tracto urinario, la fístula se forma entre el sistema urinario y otro órgano. Este tipo de fístula suele provocar pérdidas involuntarias de orina. Estas fístulas pueden afectar a la vejiga, los uréteres o la uretra y, a menudo, se conectan con la vagina, los intestinos o la piel.
Uno de los tipos más comunes de fístula urinaria es la fístula vesicovaginal, en la que la orina se escapa de la vejiga hacia la vagina, causando incontinencia urinaria constante. Otro tipo es la fístula ureterovaginal, en la que el uréter está conectado de forma anómala con la vagina.
Estos tipos de fístulas pueden ser consecuencia de una cirugía ginecológica, radioterapia, infecciones o complicaciones derivadas de un parto traumático. Los síntomas de estas fístulas pueden incluir incontinencia urinaria, infecciones recurrentes del tracto urinario, molestias o irritación al orinar, u olor. El diagnóstico de estas fístulas suele requerir pruebas de imagen o cistoscopia. El tratamiento suele implicar una intervención quirúrgica y una reparación.
¿Cómo se diagnostica una fístula?
El diagnóstico de una fístula suele comenzar con una historia clínica detallada y un examen físico. Dependiendo del tipo y la ubicación sospechosos de la fístula, los médicos pueden utilizar diversas herramientas de diagnóstico para confirmar el diagnóstico y evaluar la gravedad del problema.
Algunos de los métodos más comunes utilizados para diagnosticar las fístulas son:
- Examen físico: es útil especialmente en las fístulas externas o anales, en las que se puede ver el canal o la abertura.
- Pruebas de imagen: la resonancia magnética, la tomografía computarizada o la ecografía pueden ayudar a identificar las fístulas internas y a controlar el alcance de la afectación tisular.
- Fistulografía: procedimiento especial de rayos X en el que se inyecta un medio de contraste en la fístula, lo que permite ver más claramente el tracto fistuloso.
- Endoscopia o colonoscopia: ayuda a detectar fístulas en el sistema gastrointestinal.
- Cistoscopia: se utiliza para examinar la vejiga en casos en los que se sospecha una fístula del tracto urinario.
Es muy importante realizar un diagnóstico preciso para seleccionar el plan de tratamiento adecuado, ya que el enfoque terapéutico suele depender del tipo, la ubicación y la gravedad de la fístula.
¿Cómo se trata la fístula anal?
Las fístulas anales no suelen curarse por sí solas. Por lo tanto, es necesario un tratamiento para restablecer las funciones corporales y prevenir posibles complicaciones. El tratamiento de las fístulas anales suele implicar una intervención quirúrgica. El objetivo del tratamiento es limpiar el tracto infectado, preservando la función anal y previniendo la recurrencia de la fístula.
Se pueden utilizar diversos procedimientos quirúrgicos y mínimamente invasivos, entre los que se incluyen:
- Fistulotomía: Es el método más común. Se abre quirúrgicamente el tracto de la fístula y se deja que cicatrice formando una cicatriz plana.
- Colocación de un setón: en casos complejos o de alto riesgo, se coloca un hilo quirúrgico en la fístula para facilitar el drenaje y favorecer la cicatrización con el tiempo.
- Procedimiento avanzado con colgajo: técnica más avanzada que utiliza tejido sano para cerrar la abertura interna de la fístula y es beneficiosa para preservar la continencia.
- Adhesivos o tapones de fibrina: Son opciones mínimamente invasivas que intentan cerrar la fístula sin cortar tejido, pero las tasas de éxito pueden ser más bajas.
La elección del procedimiento que se utilizará durante la intervención médica depende de la complejidad de la fístula, su ubicación, tamaño y si atraviesa músculos importantes. La recuperación suele implicar el cuidado de la herida, el control del dolor y visitas de seguimiento para garantizar una cicatrización adecuada.

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